Una de las asignaturas pendientes de muchos padres es su comportamiento en un partido de sus hijos. Por desgracia, cuando ocupan las gradas o el borde de la pista, se produce una auténtica trasformación: comienzan a gritar, a insultar, a jalear. Lo peor de todo es que esos “padres histéricos”, son un pésimo ejemplo para sus hijos , quieren a toda costa que sus hijos triunfen.

Los padres que asisten a una competición deportiva de sus hijos, no se visten de corto,ni compiten, pero se despreocupan del cuidado de las formas.  No importa que sea un partido escolar o federado, sea un amistoso o una final, el único objetivo es que al final del partido salgan victoriosos.

Acaso no importa la diversión, no debería ser la principal finalidad con la que inscribes a tu hijo a una actividad extra-escolar, ademas de aprender a relacionarse, ser autónomo,hacer nuevos amigos y  practicar un deporte maravilloso.

Los “padres histéricos” creen que  árbitros, entrenadores, jugadores rivales, aficiones rivales son todos enemigos. ¿ Es eso realidad? NO seria mucho mas justo pensar: sin arbitro mi hijo/ hija no podría competir, sin entrenadores mi hijo no tendría quien le enseñase su deporte favorito, sin jugadores rivales mi hijo no podría ni siquiera jugar un partido amistoso y sin aficiones rivales mi hijo no podría entender la esencia del fútbol sala. Por qué no decirlo: muchos chicos y chicas se avergüenzan de sus propios padres y, en vez de disfrutar con deportividad del deporte, lo sufren con rabia, y, en vez de jugar con sana competitividad, lo hacen con ruindad.

No hay duda de que el deporte es muy positivo en la formación integral de vuestros hijos y hay que fomentarlo; sin embargo, si no se hace de la manera correcta, el tiro puede salir por la culata. Por eso, creo que la forma idónea de formar a nuestros jóvenes serian normas no competitivas de manera que en los partidos de niños de 6 a 11 años no se juegue para ganar. Lógicamente,la falta de competitividad puede frenar la motivación de los jugadores. Pero ver a padres gritando como locos a niños porque falle un pase y reciba un gol, irrita y mucho.

Está claro que lo importante es participar, pero también que se participa para intentar ganar. Saber conjugar ambos principios, a la edad que sea, dentro o fuera del campo, resulta decisivo para la educación de vuestros hijos.

Los padres deberían prepararse para asistir a ver un partido de su hijo y no convertir un momento de relajación en histerismo. Estáis con vuestros hijos; estáis educando. DISFRUTAD y no echéis a perder la educación, no contradigáis lo que se ha dicho entre semana un sábado por la mañana.

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